El contexto del trabajo jornalero agrícola analizado desde la operación de un programa social

Leer el análisis exploratorio del Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas (PAJA) realizado por el CONEVAL es adentrarse en panoramas complejos en los contextos de la población jornalera agrícola, es visitar los espacios de vivienda de las grandes agroindustrias en donde el acceso no está permitido a personas ajenas, es escuchar la voz  de mujeres y hombres jornaleros agrícolas que en su mayoría  experimentan vulnerabilidad por su exposición a distintos tipos de riesgos y por su limitado o inexistente acceso a servicios de seguridad  social y  de recursos, para comprender la importancia de contar con un instrumento de política pública a nivel nacional destinado a atender las carencias y las necesidades de esta población. Este texto es un acercamiento al contexto agrícola mexicano y una invitación a conocer la problemática del trabajo jornalero.

El estudio tiene como objetivo principal exponer los resultados de este análisis exploratorio mediante una serie de descubrimientos relativos a la operación del programa en los distintos estados del país en los que se llevó a cabo la investigación y cómo los contextos influyen. ¿Qué mejoría hubo en la vivienda, la alimentación, la atención médica, la educación y en la seguridad social dentro de la población jornalera agrícola con la implementación de este programa social y qué hizo falta?

La presencia del PAJA y su colaboración con las empresas agrícolas y con los grupos organizados de jornaleros beneficiados, según este estudio, obligaba a las empresas, de alguna manera, a tener un cierto grado de responsabilidad social y contribuía a la cultura de rendición de cuentas a pesar de lo limitado de sus recursos y de la precariedad en la que vive la población jornalera agrícola.

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Desigualdad en las mujeres indígenas rurales

Vivir en zonas rurales puede imponer restricciones a las oportunidades que las personas tienen para superar sus carencias. Por ejemplo, las mujeres indígenas presentan los niveles más elevados de pobreza y pobreza extrema, pero estos son mayores cuando residen en contextos rurales.

En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el CONEVAL visibiliza algunas de las brechas de este grupo de población, de acuerdo con información del 2018:

  • Mientras que el 79.7% de las mujeres indígenas rurales se encuentra en pobreza, el 35.4% de los hombres no indígenas urbanos está en la misma situación.

  • 6 de cada 100 mujeres no indígenas urbanas habitan en viviendas precarias sin acceso a agua entubada, o donde cocinan con carbón o leña sin tener chimenea. En el ámbito rural, esta relación asciende a 75 de cada 100 mujeres indígenas.

  • 98 de cada 100 mujeres indígenas que viven en el ámbito rural nunca han cotizado en una institución de seguridad social. Por otro lado, 71 de cada 100 mujeres no indígenas que viven en el ámbito urbano se encuentran en la misma situación.

  • Únicamente el 38.7% de las mujeres indígenas rurales concluyeron el nivel educativo obligatorio de acuerdo con su generación de nacimiento. Este porcentaje se ubica en 80% para mujeres no indígenas urbanas.